Presentación 17 kilómetros de Eliana Madera. Editorial Metalúcida

 El 6 de octubre a las 19:30 tenía una appointment en el centro porteño: la presentación de la primera novela de Eliana Madera. Hace unos meses cuando reseñé  Aunque existiese el perdón de Mariana Travacio, recibí un mensaje de la editora de Metalúcida, Sandra Buenaventura, agradeciendo mis palabras e invitándome a la próxima presentación de la editorial. No solo me puse feliz por la calidad de sus dichos, sino porque sabía que cualquier título de esta editorial iba a maravillarme, entonces, un mes después, fui a Caburé Libros ubicado en México al 620 un sábado por la tarde.

 La librería estaba abarrotada de gente haciendo fila para llevarse el ejemplar de 17 kilómetros, su escritora, Eliana, se encontraba entre abrazos, dedicatorias y los nervios propios de las primeras experiencias. Hacía calor, ya casi no había espacio para que entre nadie más cuando tomaron el micrófono y la presentación se dio por comenzada. Sandra agradeció a todos por venir y le dio pie a Fedra Spinelli para que leyera un fragmento de 17 kilómetros. Luego le tocó el turno a las presentadoras: Natalí Tentori, escritora y compañera de taller de Eliana y Pamela Terlizzi Prina, poeta.

Pensé, en mi inocencia, que esta sería una presentación como cualquier otra, con la cuota justa de emoción por un nuevo proyecto, pero no, acá había algo más. Natalí y Eliana se conocieron hace mucho tiempo atrás cuando asistían al taller de escritura creativa de la escritora Liliana Bodok. Noté desde un principio que si estaban tan marcadas por su mentora ella tendría que estar allí, (de alguna forma estuvo) hasta que por fin recordé que Bodok había fallecido a principio de año dejando como su último escrito el prólogo para Eliana. No pude evitar que a mi también me invadiera la emoción, esta, sin duda, no era una presentación como cualquier otra.

Tentori la miro con admiración y le explico al público que para Eliana escribir era algo más que un oficio sino más bien una pulsión, una necesidad social, el escritor era parecido a un doctor.

“Es un libro con mucha vida, merece vivir rodando, leerlo en el colectivo, de esos libros entrañables que uno pone en el stand de los favoritos” (Natalí Tentori)

La escritora concluyó su discurso con algunos fragmentos de 17 kilómetros y luego fue el turno de Pamela. La novela la había marcado de una forma impensada, como si compartieran una misma historia o los mismos secretos. No había manera de no involucrarse con los personajes, con sus desgracias o con su manera de salir adelante.

“Nada de lo que está contado es al azar (…). Las mujeres de 17 kilómetros componen un matriarcado sin saberlo”. (Pamela Terlizzi Prina)

Madera tomó la palabra conmovida y nos explicó el motivo, la necesidad de contar esta historia: los pueblos de su zona iban desaparecieron y en un intento desesperado de recuperarlos empezó a escribir sobre ellos, historias, anécdotas, paisajes, cielos estrellados, violetas florecidas, todo aquello que necesitaba ser inmortalizado.

Agradezco enormemente haber formado parte de una presentación tan movilizante, de haber visto a todos los que rodean a Eliana, el cariño y la admiración que le tienen, ansío terminar este libro para traerles una reseña cargada de emoción, porque luego de haber presenciado semejante unión, yo también me siento como de la familia.

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