No ficción, Reseñas

Reseña: El año del pensamiento mágico de Joan Didion

•Libro 41•

El año del pensamiento mágico de Joan Didion

Este libro pertenece a las memorias de la escritora en una de sus etapas más dolorosas: la muerte repentina de su marido. El relato es desgarrador, escrito en primera persona, recorremos el accidente de John, sus momentos previos al fatídico episodio, su relación con su hija Quintana y la cotidianidad de una pareja compañera que parecía poder atravesar cualquier obstáculo, aunque, a decir verdad, logra superar incluso al final definitivo.

Didion hace una investigación exhaustiva sobre el duelo en busca de respuestas, de apoyo, de saber cómo reaccionar a la cuestión que debería ser natural y al mismo tiempo es desconocida: la muerte. Desde libros de etiqueta en funerales hasta ejemplares de manuales científicos, recopila todo lo que encuentra para dar con alguna respuesta, algún consuelo.

«Yo solía contarle mis sueños a John, no para entenderlos sino para deshacerme de ellos, para despejarme la cabeza de cara al resto del día. “No me cuentes lo que has soñado”, me decía él cuando yo me despertaba por la mañana, pero siempre terminaba escuchándome.

Al morir él, dejé de tener sueños».

El relato recorre, además, la internacion de Quintana debido a una serie de complicados luego de una neumonía. Es en esta etapa donde la escritora remueve su pasado para revivir los recuerdos más preciados.

«¿Cuándo te tienes que ir?— me preguntó el día que por fin pudo hablar. Pronunció las palabras con dificultad, con la cafa tensa.

Yo le dije que no me iría hasta que nos pudiéramos ir las dos juntas.

Se le relajó la cara. Se volvió a dormir.

Durante aquellas semanas se me ocurrió que aquella había sido la promesa fundamental que yo llevaba haciéndole desde el día que nos la habíamos traído a cada desde el Saint John’s Hospital de Santa Monica [se refiere al día que nació]: que no me iría. Que la cuidaría. Que no le iba a pasar nada. También se me ocurrió que era una promesa que yo no podía cumplir. Yo no podía cuidarla siempre. No podía no irme nunca. Ella no era una niña. Era una adulta. En la vida pasan cosas que las madres no podemos impedir ni arreglar».

Esta fue una lectura que me costó porque esta tan bien escrita que cada párrafo te eriza la piel, te hace llorar y en las propias palabras de la autora “te aniquila” y a la vez fortalece. La autora se dice así misma al final del libro que se había prometido no convertirse en un ser que no puede funcionar solo, impresiona su fortaleza y valentía, su pisada firme y su voz moderna y potente.

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