Cuentos, Reseñas

Reseña: Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez (Anagrama)

🔥Las cosas que perdimos en el fuego 🔥 de Mariana Enriquez #Leamospendientes

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«Todos caminamos sobre huesos, es cuestión de hacer agujeros profundos y alcanzar a los muertos tapados. Tengo que cavar, con una pala, con las manos, como los perros, que siempre encuentran los huesos, que siempre saben dónde los escondieron, dónde los dejaron olvidados».

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El libro de Enríquez me pareció un libro que puede atrapar a todo tipo de lectores por la pluralidad de voces y temáticas que encierran tanto lo social como algunos aspectos históricos o actuales de Argentina.

La narración presenta la versatilidad suficiente como para que cada cuento sea un universo distinto: hay historias en primera o tercera persona, hay focalizaciones variadas que le dan ritmo a la trama, y se crean climas tangibles a través de las descripciones que nos hacen vivir lo que sucede.

En sus cuentos los escenarios inhóspitos que nos dan escalofríos funcionan como una fuerte crítica social. El espacio es realista, se construye el terror desde el lugar que nos resulta conocido y luego se le da vuelta de tuerca que nos sumerge en lo increíble. La pobreza, la salud mental, los prejuicios que acarrea la sexualidad, la desigualdad de clases, los problemas alimenticios, la soledad, la violencia y la incomprensión de los que nos rodean son algunos de los temas que nos llevan a lo terrorífico.

Mis cuentos favoritos en general fueron los que se enfocaron en la problemática de la salud mental como “Fin de curso”, “Nada de carne sobre nosotras” (formidable desde lo simbólico) y “El patio del vecino”, este último fue el que más miedo de me dio. También rescato cuentos como “El chico sucio” y “Las cosas que perdimos en el fuego” donde pregona el desamparo y la violencia desmedida que logran conmover y estremecer a cualquiera que los lea . “La casa de Adela” y “La hosteria” también me impactaron más que nada por el misterio que se transmite y la construcción más clásica del cuento de terror: fantasmas y casas embrujadas.

En cambio, cuentos como “Los años intoxicados”, “Pablito clavó un clavito, una evocación del Petiso Orejudo”, “Bajo el agua negra” no me atraparon tanto, dos de ellos están enmarcados en lo que parece una crónica policial que se entremezcla con la ficción, mientras que el otro trata de un vínculo tóxico de tres amigas ahogadas por la droga que no me cautivó.

Por último me quedaron en el medio “Tela de araña” un cuento que hace un retrato de la naturaleza precioso y “Verde rojo araranjado” que toca el tema del aislamiento por voluntad propia. Me resultaron interesantes y con una trama bien desarrollada pero no fueron de mis favoritos.

En fin, los libros de cuentos tienen la dificultad que generalmente no van a gustarte todos los que leas, algunos manejan una intensidad que te deslumbra mientras que otros bajan el tono. En general, me gustaron la mayoría de los cuentos y me pone contenta haber terminado otro pendiente de mi biblioteca.

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