Clásicos, Reseñas

Reseña: El ruido y la furia de William Faulkner (Cátedra)

El Sur de Estados Unidos se encuentra en plena decadencia, la Guerra de Secesión golpeó las estructuras que lo sostenían y los viejos valores e ideales ya no tienen donde refugiarse. Faulkner nos muestra una familia que representará esa caída: Los Compson. A través de la técnica del fluir de conciencia se develarán los pensamientos, los deseos más oscuros y los hechos del pasado que marcaran a los personajes con consecuencias siniestras.

En el primer capítulo conoceremos a Benjy, un hombre de 33 años con un retraso madurativo, el anteúltimo de los cuatro hermanos Compson. La mirada de este niño-hombre inocente y perturbada por un entorno que no lo comprende se presenta como un desafío para el lector. Las idas y vueltas del pasado al presente, la vida con su hermana Caddy y la vida sin ella, estarán marcadas con bastardilla: los acontecimientos serán confusos y representaran un verdadero desorden.

Luego, continuaremos con el mayor de los Compson, Quentin, el orgullo de la familia y el más arraigado a los valores anticuados. Quentin se encuentra estudiando en Harvard y en vez de encontrarnos con un personaje realizado y feliz por su exitoso presente, estamos frente a alguien trastornado por sus pensamientos, arrepentido por un sentimiento de culpa y atormentado por la vida turbulenta de su hermana Caddy. Un recurso recurrente en este capítulo será el recuerdo: una escena del hoy será tan idéntica a una del ayer que el personaje las va a superponer hasta que se transformen en la misma experiencia.

En el tercer capítulo conoceremos a Jason, el menor de los hermanos. Este personaje es detestable, resiente a los demás por no haber tenido mejores oportunidades y busca castigar con su crueldad a todos los que lo rodean. Si bien no tardaremos en odiarlo también lograremos encontrar claridad, a partir de este capítulo muchos de los hechos se ordenan.

Por último, tenemos un capítulo en tercera persona y focalizado en un personaje emblemático: Dilsey, la criada, que se ocupó de la crianza de los cuatro Compson, dado que su verdadera madre, siempre estuvo imposibilitada por una dolencia tanto mental como física.

Dilsey hace una radiografía de la casa y nos muestra lo que queda: los espacios vacios de los muebles que debieron venderse, los que ya no están y el pobre Benjy que sigue congelado en el tiempo.

La oscuridad que presenta esta historia nos atraviesa y nos pone debajo de una sombra. La deshonra de un embarazo, la presión desgastante de seguir viviendo, tratar a un ser humano como un animal (en múltiples sentidos) y el odio que los guía a la ruina son algunos de los aspectos que marcan la caída de la Casa Compson y, por lo tanto, la del Sur.

¡Qué complejidad más hermosa! Me resultó una novela inolvidable y toda una experiencia haberla leído. ¡Lo mejor de mi año! 

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